Dos vocablos sin complejidad literal, sin embargo tan difícil de lograr y mantener.
Su complejidad se intensifica cuando tratamos de lograr ambas simultáneamente, no en su escritura, sino en su realidad existencial.
¿Podremos tener paz y no tener familia o tener familia sin paz?
Tener ambas a la vez en un sentido afirmativo sería ¡Fabuloso!, dichosos el ser en la Tierra que disfruta de ellas al mismo tiempo.
Yo, un ser común y de este siglo XX, totalmente apasionada, me dispongo a continuar mi marcha, con contrastes, con remedios, en busca de mi paz y familia...me he jurado a mi misma ser feliz; a cualquier precio!, pues estoy convencida que la felicidad existe; la he visto pasar sin mirar hacia atrás, a la vez se refugia, se protege, se esconde dentro de nosotros, con ingenuidad y simpleza, alegres o tristes, pero muy importante! ¡en familia!.
La alegría y la tristeza, antónimos curiosos; los dos extremos de la felicidad, pues al igual que lloramos de alegría, también es posible reír de dolor.
Les propongo detenernos un instante para preguntar y respondernos?
¿Qué es la familia?
¿Quiénes constituyen nuestra familia?
¿Quiénes pudieran ayudarnos a conformar una familia?
¿Cuál es nuestra definición particular de paz?
¿Es posible mantener la paz espiritual y familiar?
¿Qué posición tomar en defensa de nuestra paz?
¿Se puede vivir en paz sin familia?
¿Podríamos vivir sin familia y sin paz?
Detengamos la marcha, dejemos a un lado las preguntas… la paz y la familia caminan juntas, anidando en nuestros corazones, y con la claridad absoluta de mi capacidad paciente, voy en busca de las razones de mi familia perdida, ya que hoy, no tengo paz.
martes, 4 de mayo de 2010
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