En honor a eso que llamamos memoria…
Después de veinte años lloviendo sobre mojado, me viene a la mente el recuerdo de un viejo film titulado “Dominique”, que además de ser calificado como un film de suspenso, su argumento no sobrepasaba los límites de una película tediosa, poco taquillera y con aciertos americanizados que me invitaban a caer rápidamente en los brazos de Morfeo.
Ahora con una mejor preparación profesional, así como un mayor entendimiento en el mundo del séptimo arte y la sociedad, me solidarizo con su protagonista principal, al enfrentar con perspicacia y astucia su vida, fundamentada en una relación conyugal ficticia y humillante; sólo por un motivo repetitivo y vigente, tras la búsqueda de beneficios a costa de versos sucios e infames, utilizados y accionados por su farsante esposo.
Este film concebido por su director, ocurría a mediados del siglo XX y a pocos meses del comienzo del nuevo milenio; sin ser una película, ni una serie televisiva, se presenta real, como diríamos en el argot popular “vivito y coleando”.
“Dominique”, es la protagonista principal, mujer manipulada y maltratada por su cónyuge, hasta el punto vil entre otras cosas, de hacerle creer bajo acciones bien pensadas y con complicidad premeditada de su total pérdida de la razón, de sus torpezas, confusiones, dudas e incapacidad total, en fin, una psiquiátrica sin remedio, o como diría un personaje de popular de mi pueblo…”una cítrica perdida”.
Dominique, poseía mucho y a la vez una ausencia total de todo; pues su esposo aparentemente sencillo, amable y afable, ambicionaba las propiedades heredadas de la familia de ésta, manteniendo durante mucho tiempo una relación farsante y diabólica con su mujer.
Después de una filosofía estudiada, heredada y adquirida, comprendo que a pesar de tantos valores humanos y materiales con que contaba la protagonista, le faltaba lo principal; el afecto, la comprensión, el respeto, la honestidad y el amor de su esposo; pues él solo representaba el espejo roto de su reflejo hipócrita y barato; donde por supuesto, “lo barato, cuesta caro”.
La personalidad y transparencia de esta mujer, vivía y vivió mucho tiempo en mí, su sencillez, su honestidad y buen corazón hicieron que naufragara continuamente, una y otra vez en el mismo charco; pero no de agua limpia de manantiales sino en un asqueroso y cínico pantano. Sólo a veces se me permitía tomar un poco de aire para tratar de sobrevivir al impacto desordenado de situaciones desestabilizadoras y sutiles.
Este SMOG asfixiante comenzó a generar en mi persona una claustrofobia hogareña, de donde trataba de escapar a cualquier precio en defensa de mi propia vida, más, poco a poco y sin darme cuenta comencé a construir mi propia fortaleza, creando un ingenioso invernadero que me permitió ir restableciendo la conciencia y la luz que me daría la respuesta a las incógnitas de mi célebre film. Fue así que en un abrir y cerrar de ojos se proyectaba ante mí, en una supuesta pantalla imaginada la sobriedad gris de un matrimonio patológico.
Sin querer, había dado con la verdad insospechada durante tantos años; mi verdad se presentaba severa, firme, convincente, pero segura, muy segura ante mi proceder, lo cual hizo que me moviera entre segmentos de caminos cortos y pasos lentos diseccionados a la salvación de mis hijos y mi vida. Por primera vez había dejado de ser paternalista, pues todo a mi alrededor se volvía claro y tranquilamente paciente.
Había dejado atrás a “Dominique” (la protagonista del film), en su tenebroso castillo y sobre todo, su miserable pantano, pues, increíblemente el pantano crecía y se veía hermoso, vigoroso, en su constante cuidado y ocupación por su maldad, puesto que éste cargado de mentiras y de cinismo, había desarrollado la capacidad de ser “jardín y fango” a la vez, dónde sólo yo tenía la dicha de conocer la suciedad y oscuridad de su existencia.
Pero un día el pantano perdido en su propia podredumbre se desplomó y desapareció de la vida de Dominque; había vencido el invernadero, la justicia y la verdad; por suerte para ambas, la protagonista y yo, el pantano era una gran mentira y pasó al mundo de la fantasía atrapado para siempre en su propia “Caja de Pandora”.
martes, 4 de mayo de 2010
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