Los tatuajes han pasado a formar parte de la cotidianidad, antes sólo pertenecían al mundo del presidio.
No sé quien dominaba a quién, si la prisión al tatuaje o el tatuaje a la prisión.
Solo a los presos les correspondía el derecho de tatuarse o viceversa, los tatuados se sabía que habían estado presos.
Hoy estas pinturas corporales han ido mucho más lejos; creo que ellas con su firmeza espiritual, con su simbolismo propio, se han hecho fuertes y extendido mucho más con un mayor y mejor sentido de pertenencia, que se enraízan para empezar a formar parte de la cultura e identidad de un ser; un ser biopsicosocial.
¿Cuántas respuestas nos darían una comunidad poblacional ante el por qué y la razón de la presencia de un tatuaje en cualquier parte de nuestro cuerpo?
En una encuesta curiosa, podríamos arriesgarnos a replantear las causas por las cuales usted asimilaría un tatuaje o no y así tendríamos la supuesta respuesta estadística de disímiles criterios y de su propio por qué.
Múltiples son los motivos de su existencia más remota: los reales, los inventados, los necesarios, los imaginarios, etc,
Mientras escribo, me he adjudicado el derecho y la verdad de exhibir un pequeño tatuaje en mi cuerpo visible , pero lo que nadie puede imaginar, que esta simple obra de arte, que asume su propio tamaño, tiene la intención de tapar momentos difíciles y circunstanciales, pero lo que no podrá jamás, es cambiar la filosofía de mi vida.
sábado, 8 de mayo de 2010
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