No se puede precisar la magnitud de un roce…Particularmente me fascina el roce, pero muy válido, me refiero sólo al roce con piel de hombre.
Mi experiencia me ha demostrado que no todos los roces son iguales…y con criterio atemporal he comprobado en el constante viajar, que existen roces y ¡ROCES!, como diría el costumbrismo.
Pareciera que todo depende de quién lo emite y de cómo se recibe…podríamos echarle la culpa a las estrellas o al tiempo, para maquillar subjetividades…
Donde pienso que sólo con intercambio simultáneo, podríamos comprobar si estamos en presencia de un ¡ROCE! afortunado…jaja… es por ello, que en este instante me motiva a escribir en presencia y acto del espécimen focal y rozado…¡¡si supiera!!!...para así, con el vaivén del ómnibus en tránsito, colorear en papel y lápiz una experiencia irrepetible; que se sintetiza en una inimaginable ambigüedad y de cómo se reciben los valores cuánticos de las “supuestas ondas rocísticas”…
¡¡y para bien amigos…!!
les aseguro que vale la pena rozarnos, nos motiva y da fuerzas para la vida, aunque al terminar el viaje mi personaje de ¡ROCES! nunca sepa, ni imagine que formó parte durante 35 minutos del protagónico principal de ¡MIS ROCES!, digo; de mis letras.

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